—¿Tienes copia de esos memorandos?
—Sí. En un disco personal.
Ella miró a Marcos, luego volvió a mirarlo a él.
Le tomó tres segundos decidir.
—Quiero ver esos documentos. Y quiero que hagas la corrección definitiva de Atlas aquí mismo.
Lo que siguió fue una prueba sin anestesia. Todo el equipo alrededor, el sistema en vivo, la fecha de la demostración encima y Elías, todavía con overol gris, frente a la estación principal.
Pensó en Luna. En cómo, la noche anterior, mientras la arropaba, ella le había preguntado:
—¿Crees que tu trabajo nuevo se va a poner mejor?
Y él había respondido:
—Creo que sí.
Abrió el módulo. Encontró la colisión de sincronía en siete minutos. La solución real no requería destruir nada, solo insertar un punto de verificación entre ambas rutinas para que confirmaran estado antes de actuar. Diez líneas. Limpias. Exactas.
Corrió las pruebas.
Cuarenta por ciento.
Sesenta.
Ochenta.
Carga total.
Atlas no solo resistió. Mejoró.
La latencia bajó once por ciento por debajo del mejor rendimiento previo del sistema.
Sandra dejó escapar el aire.
—Eso se va a notar en la demostración.
Victoria se acercó a la pantalla, leyó los resultados y luego dijo sin énfasis, como si anunciara la temperatura del día:
—Ven a mi oficina.
La oferta ya estaba redactada.
Arquitecto Senior de Sistemas, División Atlas. Sueldo once veces mayor que el de limpieza. Prestaciones. Participación accionaria. Línea directa con dirección general.
Elías leyó dos veces. Luego dejó el documento sobre el escritorio.
—Quiero que revisen el expediente de Vectra.
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