El cambio más dramático en la historia reciente de América Latina. Otra diapositiva. Esto es confianza en instituciones democráticas. En 2019, solo el 20% de salvadoreños confiaba en su gobierno. Hoy es el 91%. La aprobación más alta de cualquier presidente en el hemisferio occidental. más alta que Baiden en Estados Unidos, más alta que cualquier líder europeo, incluyendo los de España.
Bukele apagó la laptop y se giró hacia iglesias. Entonces, Pablo, cuando tú dices que soy una amenaza para la democracia, ¿estás diciendo que estos salvadoreños que me apoyan están equivocados? ¿Qué son tontos? ¿Qué no entienden lo que es bueno para ellos? ¿Qué necesitan que un político español que nunca ha estado en su país les explique cómo deberían vivir? Iglesia se había puesto visiblemente tenso.
Bukele, los números no cuentan toda la historia. Los números cuentan exactamente la historia. Bukele lo cortó. La historia es esta. Yo hice el trabajo que gobiernos anteriores no hicieron o no pudieron hacer. Protegí a mi gente, restauré la paz. Lo hice dentro de los marcos legales de nuestra democracia con aprobación del Congreso, con supervisión judicial y con el apoyo abrumador del pueblo salvadoreño.
Y ahora estoy aquí sentado siendo llamado dictador por alguien que defendió regímenes que realmente son dictaduras. Suscríbete y deja un comentario porque la parte más poderosa de esta confrontación aún está por venir. El siguiente segmento del debate debía tratar sobre economía, pero era imposible cambiar de tema.

Ana Pastor intentó redirigir la conversación, pero tanto Bukele como Iglesia sabían que el verdadero combate aún no había terminado. Iglesias había perdido el control narrativo y lo sabía. Su estrategia de enmarcar a Bukele como un dictador se había derrumbado contra datos concretos y la hipocresía de su propio historial.
Pero Pablo Iglesias no había llegado a donde estaba rindiéndose fácilmente. Bukele Iglesias dijo, recomponiendo su postura, “Puedes lanzar todas las estadísticas que quieras, pero los derechos humanos no son negociables. Amnistía internacional, Human Rights Watch, la ONU. Todos han documentado abusos en tu régimen de estado de excepción.
Vas a decir que todas esas organizaciones están mintiendo.” Bukele sonrió. No una sonrisa amigable, una sonrisa que advertía que estaba a punto de demoler otro argumento. Pablo, hablemos de esas organizaciones. Amnistía Internacional publicó un informe sobre El Salvador hace 6 meses. ¿Lo leíste completo o solo el comunicado de prensa? Leí los puntos principales.
Los puntos principales están en la página dos. Buk le interrumpió. Pero si hubieras leído hasta la página 47, habrías encontrado esto. Sacó su teléfono de nuevo y leyó directamente del documento. El gobierno de El Salvador ha implementado mecanismos de supervisión judicial y ha permitido acceso a organizaciones humanitarias a todos los centros de detención.
¿Sabes qué significa eso, Pablo? Significa que todo lo que hacemos es supervisado, es transparente, tienen acceso completo. Cambió de pantalla en su teléfono. Human Rights Watch, el mismo patrón. Titulan su informe Preocupaciones sobre debido proceso en El Salvador. Suena terrible, ¿verdad? Pero si lees el informe completo, lo que están diciendo es que en algunos casos los procesos judiciales tomaron 48 horas en lugar de 24.
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