Lo que no se ve: una historia de decisiones robadas

Lo que no se ve: una historia de decisiones robadas

Parte 2
Álvaro tardó un segundo en notar que la situación se le estaba escapando de las manos. La sonrisa se le aflojó apenas, pero aun así intentó sostener su tono de superioridad.
—No es para tanto, Javier. En casa decidimos que era lo mejor. Mi madre tenía más necesidad. Lucía puede venir en taxi un tiempo.
Yo apreté la correa del bolso con tanta fuerza que me dolieron los dedos. “En casa decidimos”. Esa frase me golpeó más que todo lo demás, porque era mentira. Nadie había decidido nada conmigo. El viernes por la noche, yo había llegado agotada, había dejado el coche frente al edificio y me había duchado. El sábado por la mañana, cuando pregunté por las llaves, Álvaro me dijo con total naturalidad que había llevado el coche a casa de su madre “para que lo usara mientras tanto”. Mientras tanto. Como si pudiera prestar mi ascenso, mi esfuerzo y mi dignidad sin consultarme.
Javier salió del despacho y dejó la puerta abierta. Eso hizo que todo el departamento siguiera escuchando.
—Lucía, entra conmigo —dijo.
Yo di un paso, pero Álvaro me interrumpió.
—No hace falta dramatizar. Esto es un tema personal.
Entonces Javier giró hacia él y su voz cambió.
—No. Dejó de ser personal en el momento en que usaste un beneficio laboral asignado a una empleada de la empresa como si fuera de tu propiedad. Y peor todavía, en el momento en que lo anunciaste aquí, como si Lucía no tuviera voz.

Post navigation

Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

back to top