Quedé embarazada cuando todavía estaba en décimo grado.

Quedé embarazada cuando todavía estaba en décimo grado.

A.K Mis padres me miraron con ojos fríos y dijeron:
—Has traído vergüenza a esta familia. Desde hoy, ya no eres nuestra hija.

Después de eso… me echaron de la casa.

Ese año yo estaba en décimo grado en un pequeño pueblo del estado de Jalisco. Cuando aparecieron dos líneas en la prueba de embarazo, mis piernas temblaron tanto que casi se me cayó de las manos. Aún no sabía qué hacer cuando la noticia ya se había esparcido como el viento: en la escuela, en el mercado, incluso en la iglesia.

Mis padres me miraban como si yo fuera algo sucio.
—Has deshonrado a la familia. Desde ahora, ya no eres nuestra hija.

Cada palabra de mi padre fue como una bofetada en la cara.

Aquella noche llovía a cántaros. Mi madre arrojó mi mochila vieja al patio y me empujó fuera de la casa como si fuera una extraña. No tenía ni un solo peso en el bolsillo. No tenía a dónde ir.

Sosteniendo mi vientre, me alejé de la casa que alguna vez había sido el lugar más seguro de mi vida… y nunca miré atrás.

Di a luz en una pequeña habitación alquilada de menos de ocho metros cuadrados en las afueras de Guadalajara. No tenía familia. Nadie que me ayudara. Solo el sonido de la lluvia, el olor a humedad y un dolor que me partía el cuerpo.

Fue difícil. Doloroso. Y lleno de miradas y murmullos de juicio.

Pero crié a mi hija con toda la fuerza que tenía. La llamé Valentina.

Cuando Valentina cumplió dos años, la llevé conmigo a Ciudad de México. Trabajaba como mesera en un pequeño restaurante en Iztapalapa. Durante el día atendía mesas y por la noche estudiaba para terminar mis estudios.

Post navigation

Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

back to top