El Puño de la Esperanza: Honor sobre el Tatami

El Puño de la Esperanza: Honor sobre el Tatami

I. El Desprecio en el Dojo

En un vecindario humilde de Ohio, Maya, una joven de 16 años, caminaba cada día frente a la prestigiosa «Academia de Karate Dragón de Oro». Vestía una camiseta desteñida y unos pantalones deportivos remendados. Un día, con los pocos ahorros de su madre lavandera, decidió entrar para inscribirse.

Al cruzar la puerta, un grupo de chicas de su misma edad, vestidas con karate-gis (uniformes) blancos e impecables, detuvieron su práctica para reírse.

«Miren esa chica pobre»— susurró Chloe, la capitana del equipo. —«¿Cree que puede venir aquí y ganarnos con esa ropa vieja? El karate es un arte de prestigio, no para gente de la calle»—.

Incluso el Sensei Tanaka, aunque intentó ocultarlo, mostró una mueca de duda. —«Bueno, ya basta de risas»— ordenó el profesor. —«Vamos a ver qué puede hacer la chica nueva. Chloe, cinta azul, ponte frente a ella»—.

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