Mantener la calma
En ese momento entendí algo importante.
Si confrontaba a Elena inmediatamente, destruiría la única ventaja que tenía: el tiempo.
El plan final estaba programado para ejecutarse el viernes.
Era martes.
Tenía tres días para reunir pruebas y evitar que todo el fraude cayera sobre mí.
Así que hice lo único que podía hacer.
Actuar como si no supiera nada.
Esa noche llegué a casa como siempre.
Elena estaba en la cocina.
—Hola, cariño —dijo—. ¿Cómo estuvo el trabajo?
La besé en la mejilla.
—Agotador, pero vamos bien.
Ella sonrió.
—Cuando terminemos este trimestre deberíamos tomarnos unas vacaciones.
Ahora sé que esas vacaciones no eran conmigo.
Un aliado inesperado
El miércoles llamé a un viejo amigo de la universidad.
Julián, especialista en delitos financieros.
Le mostré toda la información que había recopilado.
Después de revisar los documentos durante varios minutos, levantó la vista.
—Andrés, esto es un fraude corporativo enorme.
—¿Voy a terminar pagando todo?
—Si no haces nada, sí.
Pero también tenía buenas noticias.
Los registros digitales, las direcciones IP y las conversaciones eran suficientes para construir un caso sólido.
El plan ya no era detener a Elena nosotros mismos.
Era entregar toda la evidencia a las autoridades antes de que ejecutara el golpe final.
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