Todo el pueblo se burlaba de la viuda que guardaba demasiada comida en la colina.

Todo el pueblo se burlaba de la viuda que guardaba demasiada comida en la colina.

Compartieron el trabajo.
Compartieron las cosechas.

Daniel se convirtió en carpintero.

Como Samuel.

Liliana abrió una pequeña cocina
donde ningún niño volvía a quedarse sin comer.

Y yo seguí cuidando de todos ellos.

Porque aquel invierno
nos enseñó algo
que ninguno de nosotros olvidaría jamás.

El hambre puede romper a las personas.

Pero cuando un pueblo decide cuidarse unos a otros…

incluso el invierno más cruel
pierde su poder.

Y desde entonces, cada vez que la nieve vuelve a cubrir San Miguel del Valle…

sabemos una cosa.

Mientras permanezcamos unidos,
nadie volverá a enfrentar el frío
en soledad.

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