Hay historias que, más allá de lo que uno crea o no, dejan una sensación difícil de explicar. No por miedo, sino por la inquietud de que algo no encaja del todo. Este fue el caso de Mariana, una mujer de 42 años que llegó a consulta completamente agotada, con una angustia que no sabía de dónde venía.
Su vida, según contó, había cambiado de forma repentina. Problemas en la relación, insomnio intenso, pensamientos negativos constantes, discusiones sin motivo y una sensación de peso emocional difícil de describir. Todo comenzó —según ella— después de recibir un regalo aparentemente inocente: un objeto decorativo para su habitación.
A simple vista, no había nada extraño. Pero su cuerpo sí reaccionaba. Cada vez que lo miraba, sentía incomodidad, rechazo… algo que no podía explicar con lógica.
Leave a Comment